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La Sonrisa Anestesiada

22 de Febrero de 2008

El vestido de Clarice flota entre sus piernas, el vaso de cerveza le transpira un frío húmedo entre los dedos inquietos. Hoy lleva unos zapatos bajos. Un vestido suelto casi de embarazada.

El vientre duro y vacío.

El pelo libre y rojo como siempre. Una mueca detenida en algún sitio de la boca arrugada y mojada de Skol. Ramiro sentado a su lado, que me saluda con una sonrisa como si nada estuviera pasando.

Hacía más de una semana que habían desaparecido. No estaban por las noches en el Geraes ni en el Roots, no los encontrabas en el Dalva ni en la Esquina da Broadway. Ramiro no estaba en la cancha de tenis, ni parado al costado de alguna barraca con cachaça 51 dentro de un vaso de plástico. Clarice no estaba tomando cerveza en el Mucugê Village los días de sol.

Clarice está mal, hace varios días que volvió el dolor y no para. Están sentados afuera del Lapinha bebiendo desde hace un buen rato. Ella no se ríe, tiene toda la tristeza del opio brotando en los ojos. Dice: “la enfermedad volvió” y yo paro de sonreír. Intento decir algo, intento atribuir los dolores a alguna gastritis improbable. Una leve sonrisa de incredulidad: “eu sei que a doença voltou“. Se toca el vientre duro. Le pregunto si fue al medico y me responde que no quiere saber nada, que no piensa atenderse nunca más. Bebe un sorbo de Skol. Ramiro dice: “Tiene toda la panza dura, mirá, mostrale”. Intenta levantarle el vestido para mostrarme. Clarice se cubre y lo insulta. Le digo que el dolor va a pasar como las otras veces, que tiene que volver a caminar por la playa, relajarse, y tratar de beber menos. Dice que el alcohol es bueno, que es anestésico y le hace bien. Agrega que tuvo que volver a tomar morfina.

Ramiro interrumpe y me pregunta que quiere decir la palabra escrita en mi bermuda. Lo miro sin entender y vuelvo a hablar con Clarice. Le digo que vaya a un posto de saude, que tal vez es otra cosa. Dice que no con los ojos y una mueca. Eu sei que voltou. Ramiro insiste: “Che, ¿Qué quiere decir Billabong?”. Le contesto que es una marca. La respuesta parece convencerlo. Termina el vaso y entra al Lapinha a conversar con el mozo.

Clarice se queda mirándolo quieta en el medio de la tristeza. Le pregunto si van a estar más tarde por la Broduei. Dice que no, que quiere dormir temprano. La saludo con un abrazo y le digo que mañana va a estar mejor y después de mañana va a sentirse todavía mejor. Dice que sí cerrando los ojos, con una sonrisa lenta, y me vuelve a abrazar.


Autor: Marcelo Lagoa - click sobre el autor para ver sus textos ordenados.



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