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Mañana

12 de Febrero de 2008

Hoy es martes y estamos todos en el Roots porque toca el del saxo. Desde el primer día que lo vi tocando que tengo la misma sensación: me recuerda a alguien este tipo; lo digo en voz alta en la mesa y todos coinciden, pero nadie sabe o recuerda exactamente a quién. Alguien de la televisión de los 70, alguien de alguna portada de un disco olvidado. También podría ser un amigo de nuestros padres en la infancia o el tipo que nos vendía helados los veranos. Nadie sabe, sólo sabemos que él no es de aquí ni es de esta época, que está fuera de este tiempo en algún lugar del pasado de cada uno de los que esta noche habitamos el Roots.

Su imagen es la de un roquero cuarentón casi sin pelo, bastante bajo y vestido a lo rockabilly: pantalón de cuero, botas alargadas, chaleco abierto sobre el pecho desnudo porque estamos na bahia. El del saxo se llama Airton pero nadie lo conoce con ese nombre y a nadie le interesa tampoco llamarlo así. Tiene un aparato electrónico que hace la magia de reproducir canciones instrumentales y baladas pops de los años 80. Y por encima de esos acordes y esas melodías de instrumentos invisibles, él canta afinado en ingles éxitos olvidados, y luego solea descontrolado con su saxo alto.

Clarice adora a este tipo, las canciones le recuerdan la felicidad y el pasado. Por eso está tan feliz y una y otra vez paga cervezas hasta que se le vacía la cartera. Estamos sentados a unos 5 metros de el del saxo. En la mesa de madera alargada está Ramiro en una punta, Clarice al lado, un mineiro que no conozco en el extremo cercano a la barra, está también Papito aunque casi nunca sentado, estoy yo y enfrente mío hay una chica rubia de Porto Alegre con la cual no podemos ponernos de acuerdo sobre los autores de cada canción.

Le alcanzo a Clarice un billete de 10 para compensar algo de lo que lleva gastado, pero se niega rotundamente a agarrarlo, luego se levanta acelerada y va hasta un cajero Hsbc próximo y saca un par de billetes más. Vuelve enseguida esquivando la gente. El Roots está lleno. En la vereda y en la calle la gente se va acumulando. La música los llama. Todos los que vienen desde el Beco das cores o desde La Morocha en dirección a la Broduei se detienen frente al Roots. Entre las mesas la gente salta y se balancea como quiere el del saxo. Hace lo que quiere con todos nosotros. Nos tiene controlados y nos maneja los estados de ánimo descargando un hit tras otro. De pronto nos pone melancólicos con alguna balada de Dionne Warwick, luego nos levanta con un tema de Cyndy Lauper y nos hace saltar delirando con uno de Duran Duran. Pensar que de adolescente odiaba furiosamente esta música. Pero aquí y ahora la formula se vuelve irresistible, el tipo desentierra de la memoria momentos muertos y juventudes felices y eso es lo único que importa.

Pasan las canciones y las Skols unas tras otras. El mozo va y viene de la barra a nuestra mesa, cada vez que trae una cerveza le conviene esperar que llenemos todos los vasos para llevársela vacía a la barra y traer una nueva llena. La gente delira. Algunos aplauden durante el tema, otros gritan y piden temas especiales en los intervalos. Papito va y viene por las mesas y les explica a uno por uno de los presentes las verdades del fútbol, de la música y de la vida en general. Clarice y Ramiro se miran y se enamoran de repente. Ramiro tiene un vaso de cerveza y una caipirinha sobre la mesa y ahora tambien a Clarice recostada sobre sus brazos. El saxo se mueve a toda velocidad sobre los acordes de una canción de Aretha Franklin. Clarice está feliz y pide una última cerveza. Ramiro está feliz. Papito está feliz. La gente alrededor está feliz. Yo estoy feliz.

Es madrugada bien tarde, quizás esté amaneciendo en la playa pero desde aquí arriba en la ciudad aún no se ve nada. Sólo la barra iluminada y el brillo dorado del saxo reflejando las luces y sombras del pequeño escenario improvisado. Mañana ya no es hoy aunque sea el mismo día. Algo que yo sé y ellos saben crece alrededor por algún lado. Mañana se termina este mundo fuera del tiempo y empieza lo de siempre.

Pero ahora estamos todos acá en el Roots y nos paramos al unísono, y saltamos sonrientes aplaudiendo el final del solo.


Autor: Marcelo Lagoa - click sobre el autor para ver sus textos ordenados.



1 comentario

  1.  

    muy bueno !!

     
  2. julian pedevilla el 12 de Enero de 2009 a las 1:06 pm

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