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Los Dioses Astronautas

5 de Enero de 2008

Me harto de la playa y subo hacia el centro por la Estrada de Mucugê. Son casi las 4 de la tarde. El calor es infernal aquí arriba en la ciudad y están todos los negocios cerrados a esta hora. Al pasar por el bar de Dalva veo a Ramiro sentado con los pies desparramados, la bicicleta acostada sobre el piso, un vaso con cerveza en la mano; y un pirado que no conozco sentado al otro lado de la mesa. Lo saludo y me invita a sentarme con ellos. Me llena el vaso y lo observo detenidamente: por el estado le calculo al menos 6 horas ininterrumpidas a la situación. Hecho que confirmo cuando le pregunto por qué no fue a trabajar. La explicación es que se levantó temprano y llamo a todos los alumnos que tenía agendados, pero el único que podía ir tenía pagas varias clases por adelantado, así que no le iba a pagar nada hoy. Canceló a ese alumno y se vino para acá a beber a eso de las 9 y media de la mañana.

El tipo que está sentado enfrente suyo habla solo y cada tanto se insulta a los gritos con la nada. En un momento me mira y cuenta algo sobre un tal Alexandre que vive por la región, y al parecer está usurpando su identidad, luego me pregunta si entiendo lo que dice, le respondo que sí para evitar futuras aclaraciones. Insiste con lo del tal Alexandre. Le doy la razón. Ramiro también le da la razón y el tipo vuelve a su intercambio de insultos con el aire que nos rodea.

Observo sus tatuajes, uno al costado del hombro parece un código de barras pero no puede ser, ese tipo de tatuaje, no coincide en absoluto con la imagen de este tipo. Miro más detenidamente: son lineas verticales, como los palillos que hacen los presos en las paredes de la cárcel para contar los meses y los años. Mueve esos brazos tatuados y sigue gritando, indignado con lo que ocurre sin parar en un mundo paralelo que está dentro suyo. Pienso que la cárcel de este tipo es su propio cuerpo, y que cuenta con esas rayas tatuadas los años que lleva encerrado.

De repente se pone más violento y grita que directamente va a matar al tal Alexandre.

–Lo voy a matar y no va poder hacerme nada. Porque no tiene sentido que él me mate a mí –dice mirándolo a Ramiro que intenta responder con lo más sensato que se le ocurre. Pero el tipo se altera aún más–: ¡Pero despertate Ramiro! Si el tipo me mata no tiene sentido –señala el cielo y aumenta aún más la voz–, ellos vienen en una nave y me resucitan. Entonces qué. Me mata, me llevan al cementerio, me entierran, y después vienen ellos con la nave me sacan y me resucitan…

Se nos queda mirando unos segundos y luego agrega:

–¿Entonces para qué me va a matar? ¡Despertate Ramiro!

Tiene razón. Ramiro lo mira y asiente con un gesto. Yo lo miro y asiento. Luego Ramiro acaba su vaso y agrega tímidamente que él también cree en la reencarnación.


Autor: Marcelo Lagoa - click sobre el autor para ver sus textos ordenados.



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